Las promesas de ayer son las mentiras de hoy. Las verdades de ayer se han ido autodestruyendo inexorablemente, dejando al descubierto la magnitud del engaño; o se han desvanecido por el esclarecedor transcurso del tiempo, que ha puesto en evidencia las falacias sobre las que se construyeron. Otras, en fin, esperan la plena luz de la libertad para ser completamente desenmascaradas.