25 de junio de 2017

nostalgia me pegó un combo

solo pienso en las locuras cometidas en el ayer
y llevo, mucho tiempo alimentando mi espíritu de aquella locura,
la infantilidad, la inocencia,
el sólo deseo de disfrutar
(que no quiero dejar ir),
envolvían aquellos gélidos días de agosto
en una atmósfera embriagadora ,
lejos de las sustancias y brebajes que
hoy en día alimentan la locura adulta.

Perderse a caminar en el cerro más cercano, hacer el amor,
tener orgasmos, generar orgasmos, reír, leer, dormir, comer,
caminar, caerse, embarrarse.
observar los espectáculos del cielo
gritando estupideces al vacío.
o gimiendo al vacío.

buscar los peladeros más pacíficos, para caminar, como si nos hallásemos
por un segundo, fuera de la metrópolis.

 a veces,
habían perros muertos que desprendían un fuerte olor a descomposición.
y posas de agua donde surgían distintos tipos de vida y existencia.

caminar, mirando por encima de nuestras cabezas, la geografía de las nubes,
su movimiento, trayectoria, volumen y tonalidad.
echarse en la tierra lejos , muy lejos de los sonidos de los autos...
deseando que la noche nunca cayera,
derretidos con el nivel de deseo que desprendían nuestros cuerpos,
que no importaba ni el olor putrefacto para armar una escenita amorosa,
para perpetuar la belleza que emana desde los lugares más oscuros ,
abrazándonos con las flores secas, la maleza, los cadáveres y los colchones usados.
ojalá nunca hubiésemos tenido que volver a casa.