25 de junio de 2011

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Fue al bar y pidió vodka-7. Echó una mirada alrededor. En aquella parte privilegiada del hipódromo todas las mujeres parecían jóvenes, ágiles, rebosantes de buen humor. Incluso las más viejas tenían bastante buen aspecto. Eso enriquecía a Henry. ¿Por qué las mujeres de los pobres tenían que tener tan mal aspecto? No era justo. Pero ¿qué era justo?¿Ha habido alguna vez un instante de justicia para los pobres? Toda esa mierda sobre la democracia y las oportunidades con la que nos alimentaban era sólo para evitar que quemaran los palacios. Claro, de vez en cuando había un tipo que salía del vertedero y lo conseguía. Pero por cada uno que lo conseguía había cientos de miles enterrados en los barrios bajos o en la cárcel o en el manicomio o suicidados o drogados o borrachos. Y muchos más trabajando por un sueldo de miseria, desperdiciando sus vidas por la mera subsistencia.
La esclavitud no ha sido abolida, solamente se ha expandido para incluir a nueve décimas partes de la población. En todas partes. Santa Mierda.
Henry acabó su bebida y regresó al palco.